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Agonía del turismo nocturno de la isla de Ibíza

Antes de la pandemia, a Ibiza llegaban españoles y turistas de todo el mundo a pasar el verano. La ciudad es conocida por sus monumentales fiestas, en las que se presentaban los mejores DJ del mundo. Ahora eso es parte del pasado.

Privado de sus 6.000 rumberos y sus noches de insomnio, el club Hï Ibiza parece convertido en un simple y enorme hangar oscuro y silencioso. La isla española, que normalmente acoge a los DJ más famosos del mundo, en este verano no puede bailar por causa de lapandemia.

Las autoridades regionales de Islas Baleares solamente autorizaron la apertura de pequeñas discotecas, cuya capacidad no exceda las 300 personas. Pero, solamente para beber unas copas y sin derecho a bailar en la pista.

Las enormes discotecas, que hacen famosa a Ibiza, se quedaron sin temporada. Pero estas medidas no son rechazadas por el sector, que tiene claro, de cualquier modo, que los estándares de distanciamiento social impuestos por la pandemia impiden cualquier fiesta digna de ese nombre.

“Cuando gritamos, la saliva puede llegar hasta dos metros. ¿Quién mantendrá esa distancia en un club nocturno?”, pregunta José Luis Benítez, gerente de la asociación Ocio de Ibiza, represente del sector nocturno en la isla.

En Mallorca, la más grande de las Baleares, una asociación de profesionales del sector pensó en “colocar marcas en el suelo, donde la gente se limitara a bailar aislada. Pero, ¿cómo haces si una persona te gusta?”, ironiza. 

Miedo a manchar la marca Ibiza

El impacto económico no tiene precedentes para este sector, que representa “más del 35 por ciento del PIB de la isla” y genera centenares de millones de euros por año, señala Benítez.

Pero los dueños de las discotecas y clubes nocturnos se resignan y prefieren renunciar a la temporada y evitar riesgos.

“Debo ser responsable”, subraya Yann Pissenem, un francés copropietario de ‘Hï Ibiza‘, uno de los locales más grandes de la isla, quien reconoce que si las discotecas estuvieran abiertas, correrían el riesgo de “crear ‘clusters‘ por todas partes (…) y sacrificar todo lo demás”.

“Puedes intentar ahora (abrir) para ganar un poco de dinero”, señala José Luis Benítez, haciendo referencia a algunos clubes que han desafiado la prohibición. “Pero te obligará a cerrar todo, a tener problemas” si hay una fuente de contaminación, “y el próximo año la marca Ibiza quedaría manchada porque habría muchos contagios”, destaca.

Este parón de la vida nocturna es palpable en toda la isla.

En las playas, los vendedores ambulantes de entradas para clubes nocturnos han dejado lugar a los de helados y bebidas, con familias como clientela, en tanto junto a las carreteras, grandes afiches publicitarios aún anuncian noches con DJ de fama mundial, que habían sido instalados antes de la pandemia.

Y en el puerto ibicenco solamente está abierta la tienda de ‘souvenirs‘ de la legendaria discoteca “Pachá”.

“Falta” de fiesta

Esto desconcierta a los turistas que llegan a la isla desde la apertura de las fronteras, a finales de junio.

“Es nuestro primer viaje a Ibiza y pensábamos que habría fiestas, incluso aunque el virus todavía está presente aquí, por lo que estamos un poco desilusionados”, se lamenta Mirkan Unvar, de 19 años, quien llegó procedente de Fráncfort con un amigo.

Para Adam Clark-Bennett, un británico de 23 años que veranea en Ibiza desde los seis años, “la música es un elemento super importante en Ibiza y, sin los clubes, no es la misma este verano”.

“A las 2:00 de la mañana ya no queda nadie, en tanto creíamos que la gente seguiría en las calles”, lamenta Lucas Hervé, un francés que llegó desde Nantes acompañado de un amigo.

El único recuerdo del alma festiva de la isla son los juerguistas que circulan en sus automóviles con las ventanillas abiertas y con la música a todo volumen.

Después de esta temporada “en blanco”, Ibiza espera recuperar rápidamente el espíritu de sus noches, sin necesidad de respetar medidas sanitarias.

“Gel, visera protectora, toma de temperatura en las puertas… no quiero pensar en eso por ahora, puesto que tengo mucha fe en (que se desarrolle) una vacuna (…). Realmente espero que la marcha vuelva a funcionar a tope”, aspira Yann Pissenem.

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