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Cómo gestionar 7 experiencias exclusivas que llenan a los clientes

Quizá esa persona sienta que podría ser una grave ofensa a esa ave en ese día

Una visión del antes y el después, de cómo lo haría un paleolítico y como se haría ahora y cómo sacarle jugo para aprovecharlo en la actividad turística que se nutre de la naturaleza

 

Cantan alondras y totovías. La mañana está tibia; ni caliente, ni fría. El cielo, despejado. El Homo sapiens que camina, también. La espalda, bien recta. La mirada al frente. Los sentidos, abiertos.

De repente, una parda hembra sale disparada de la nada, a pie de suelo, al lado mismo. ¿Es una alondra?¿Una cogujada? No queda claro, pero esto no es por casualidad. Ese humano verdadero lo sabe, baja la vista y comienza a escudriñar en busca de patrones. Busca y rebusca, pero jamás pisará nada que no deba pisarse. ¿Qué es eso…?

Foto 1. Algo hay distinto en este trozo de pasto. Hay que explorarlo con más detenimiento.

 

No está claro lo que es, pero lo que sí está claro es que hay algo oculto. Nuestro H. sapiens levanta un poco la vegetación rastrera:

 

Foto 2.Esto es lo que buscaba nuestro Homo sapiens 

¡Increíble! Una maravilla que vale por cien mil tesoros: nada menos que cinco huevos, perfectamente camuflados, en un nido a ras de suelo, con el pasto acostado, bajo una gran planta de zanahoria, al lado de un alcornoque de dos palmos y difuminado por un jazmín silvestre…

 

¿Qué haría en este caso un Homo sapiens sylvestris del paleolítico? ¿Se los comería? ¿Qué haría usted como guía de un grupo de personas? ¿Y si fuera con una o dos personas nada más?

Una consideración a tener en cuenta para los guías de naturaleza es el equilibrio entre la intensidad de la experiencia y la conservación del entorno.Algunas limitaciones están impuestas por las normas de cada espacio natural o la administración (competente o no). Sin embargo, todos sabemos que en el monte, en la llanura, en el agua y en la selva hay tesoros, previstos o absolutamente espontáneos, que podemos exponer a los clientes o mantener escondidos. Es imposible regularlo. Depende de nosotros.

Es posible que alguien del paleolítico se los comiera. O no. Puede que esa ave tenga algún tipo de tabú o regulación específica (aunque no haya un organismo regulador). Quizás en primavera, solo está permitido recoger huevos de ciertas aves. Quizá solo en cierta parte de la primavera. Quizá esa persona sienta que podría ser una grave ofensa a esa ave en ese día, en ese lugar (no olvidemos que la madre se va a quedar cerca, vigilando, y puede que teatralizando una falsa lesión para llamar nuestra atención). Aunque tenga hambre y los huevos sean un estupendo aperitivo. Y por supuesto, puede que, feliz y contento por el regalo, y consciente de lo que supone, solo tome dos o tres huevos, dejando siempre alguno más para no esquilmar los recursos. De hecho, es posible que la madre ponga dos o tres más para completar. Durante milenios, muchas tribus han estado gestionando zonas que ahora, de manera arrogante, los postindustriales decimos que son “prístinas”, que se han conservado milagrosamente, y que hay que proteger del pernicioso y malvado ser humano. Y esto lo demuestran los propios estudios científicos.

El propio mundo académico avisa de que hay que tener en cuenta los conocimientos tradicionales de los pueblos de la Tierra, o nos va a ir mal. Muy mal.

 

Inspirados por los cazadores-recolectores, puede que sepamos mejor qué hacer si vemos esa hembra salir como una flecha. Depende del número de gente. Depende de las características de esa gente. Depende de la especie.Y también depende de nuestras capacidades didácticas. Pero no tiene por qué estar prohibido mostrar las maravillas del Planeta a la gente. Puede que sí, merezca la pena buscar el nido. Puede que, por ejemplo, los críos del grupo, puedan acercarse un poco y admirar esos huevos. Tal vez dé tiempo de hacer alguna foto, o mejor no,y deban conservar las imágenes que sus retinas han formado (muy buen ejercicio dados los tiempos que corren…). ¿Por qué no pedirles que luego los dibujen en casa y nos envíen sus obras? Puede que haya algún anciano que se haya criado en áreas rurales, que sepa valorar el nido y pueda refrescar con ilusión los recuerdos de su niñez, cuando la Sexta Gran Extinción todavía no era patente.

Está claro. Muy flaco favor le hacemos a alguien criándolo con sobreprotección. No le hagamos lo mismo a Gea. Los humanos no somos extraterrestres. Debemos interactuar con el medio, pero debemos hacerlo bien. Los guías de naturaleza tienen un papel clave en romper la burbuja y permitir a las personas interaccionar con el mundo real. Después de todo, Homo sapiens tiene un papel fundamental. Más que una especie clave, como los lobos de Yellowstone, somos una especie hiperclave. Y esto, también lo dice la Ciencia.

 

Epílogo (in memoriam): a los pocos días, el nido apareció vacío y abandonado… Claramente, un depredador había hecho lo que debe hacer. ¡Pero eso es también maravilloso! Cuénteselo a los niños y al anciano, si conservan sus contactos. Deben conocer todas las piezas del rompecabezas para tomar decisiones. De lo contrario, seguirán queriendo mantener áreas “prístinas” y “salvajes” a toda costa. Incluso a costa de las tribus que allí habitaron e hicieron posible que, a día de hoy, podamos disfrutar de ese nido de cogujada (y sus depredadores naturales).

 

Y no olviden salir al campo y renaturalizarse…

Por Carlos Fernandez, nuestro medico de cabecera que nos ayuda en la renaturalización. La faceta más convencional la cumple como gastroenterólogo y hepatólogo asistencial, siendo también investigador traslacional y clínico en el IDIPHISA

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