Los enemigos del turismo crean una mala percepción
Los 8 males que dañan el sector (muchos son ambientales)

Les comparto un resumen de los males o enemigos que están creando una imagen dañina y negativa del turismo. Por supuesto, la lista podría ampliarse, pero la he acotado a estos ocho. Muchos de ellos se podrían haber evitado y ahora el objetivo será mitigarlos.
Cambio climático. No es que sea un enemigo ni del turismo ni de nada, pero genera una serie de impactos ambientales negativos que afectan cada vez con más virulencia a los destinos, y estos todavía no reaccionan, pensando que será un fenómeno puntual y pasajero. No obstante, cabe señalar que frente a los efectos adversos del cambio climático solo se puede reaccionar con adaptación y mitigación, asignaturas pendientes y muy urgentes, porque, como se puede leer en diferentes medios, la percepción climática, especialmente en Europa, es muy negativa (sequías prolongadas, temperaturas muy altas, problemas de salud ambiental, inundaciones…).
El 76 % de los europeos afirma que los factores climáticos influyen en su comportamiento de viaje, y dos de cada tres cambiarían sus planes ante alteraciones climáticas o alertas oficiales. European Travel Commission, 2026.
Turistas. Un importante número de consumidores del turismo se han transformado en enemigos del sector por su comportamiento antisocial y antiambiental. Es lo que se denomina “turismo degenerativo”, que no disminuye, ya que sus manifestaciones son cada vez más visibles y tienen mayor repercusión social y mediática, generando una pésima imagen del turismo y, por supuesto, afectando tanto a la población anfitriona como a otros segmentos de la demanda.
Especulación. Desde los comienzos siempre ha habido un concepto de empresa que mira al futuro y otro modelo en el que solo importa obtener el máximo beneficio en el menor tiempo y espacio posibles. Los resultados son muy fáciles de observar en diferentes destinos turísticos.
Incendios. Muy lejos de que el turismo sea el provocador de los incendios, lo cierto es que estos están teniendo repercusiones muy graves para la oferta turística. Y lo peor es saber que la mayoría son de origen humano, ya sea voluntario o involuntario, lo que implica que podrían evitarse. El turismo, en general, depende del entorno, bien como recurso estético, de salud, de ocio, para la realización de actividades, etc., y, si este se degrada, el negocio turístico también y, por supuesto, toda la cadena turística.
La culpa de los incendios forestales no es del cambio climático, ya que, por mucho que aumente la temperatura (por ejemplo, una hoja necesitaría al menos 200 °C para su ignición), afortunadamente no se alcanzan esas temperaturas ambientales. El culpable, claramente, es el ser humano, como antes he señalado. El cambio climático provoca condiciones ambientales que facilitan la propagación rápida de las llamas y, por tanto, que la magnitud del fuego pueda ser demoledora.
Contaminación aérea, acuática y terrestre. La OCDE considera expresamente que la buena calidad del aire y un entorno natural bien conservado son factores de atractivo turístico regional.
Y su informe turístico de 2026 advierte de que la degradación ambiental puede deteriorar precisamente los recursos que atraen visitantes y terminar reduciendo la sostenibilidad y la competitividad del destino.
Un destino puede invertir millones en promoción, pero difícilmente podrá compensar playas contaminadas, mala calidad del aire, aguas degradadas, residuos o paisajes deteriorados. La calidad ambiental no es un complemento del producto turístico: forma parte del producto y de la experiencia.
La importancia de este recurso es evidente: Europa controla más de 22.000 zonas de baño y su calidad se ha convertido en un indicador ambiental esencial para los destinos.
Seguridad. Es obvio que sin seguridad no puede haber turismo, pero es importante tener en cuenta que, en turismo, lo que cuenta es la percepción y, si existe una sensación de riesgo o inseguridad, aunque realmente no exista, los visitantes rechazarán el destino. Y cuando se habla de seguridad no solo se hace referencia a la violencia, sino también a riesgos ambientales, sanitarios o incluso a factores climáticos y microclimáticos.
En 2026, dos de cada tres europeos dicen que modificarían sus planes de viaje ante alteraciones climáticas o avisos oficiales de seguridad.
Ética y regulación. No es que la ética sea un enemigo, sino todo lo contrario. El enemigo del turismo es la falta de ética, tanto por parte de empresas y profesionales como de las Administraciones públicas competentes. Y la mejor fórmula para amortiguar esta falta de ética es, precisamente, la regulación pragmática como herramienta de gestión, asumiendo que la sostenibilidad o gestión sostenible es el instrumento para garantizar el futuro de esta actividad económica.
Planificación. Esto es algo que quienes trabajamos en el diseño de destinos sostenibles hemos dicho desde hace muchos años. Su ausencia es más que evidente y los resultados son palpables. Cuando la casa se comienza por el tejado, las consecuencias son malas.
El European State of the Climate 2025 señala que el 41 % de Europa experimentó en 2025 más días de lo normal con estrés térmico fuerte.
Lo que se podría haber planteado en las primeras fases del destino son los posibles escenarios y haberlos tenido en cuenta para evitar fenómenos como la masificación, la falta de ordenación, la polución, el deterioro y la mala gestión de los recursos, etc., que obviamente ahora se tienen que afrontar a un precio mucho mayor y, a veces, de forma poco viable.
En definitiva, este último punto resume o engloba los siete enemigos citados, porque son, en gran medida, consecuencia de una falta de planificación que, sin duda, habría servido para amortiguar o evitar muchos de los daños actuales en los destinos.
Arturo CROSBY
Editor





