El camping como activo estratégico en la oferta turística y el desarrollo sostenible rural
Innovación y Sostenibilidad son la tendencia de estos alojamientos

España mantiene un debate constante sobre la vivienda turística, la saturación urbana y el modelo hotelero dominante. Sin embargo, en paralelo existe un subsector turístico que aporta aproximadamente 700.000 plazas, genera en torno a 1.600 millones de euros anuales y sostiene cerca de 40.000 empleos directos e indirectos, y que rara vez ocupa un lugar central en la planificación estratégica: el camping
Esto me lo comenta Sergio Chocarro, gerente de la Federación Española de Campings (Se adjunta entrevista) que nos ofrece una visión actualizada de este subsector.
Si el sistema turístico español dispone de entre tres y cuatro millones de plazas totales, incluyendo vivienda turística, el camping representa aproximadamente una quinta parte de la oferta reglada tradicional. No se trata, por tanto, de un segmento marginal ni residual, sino de un componente estructural del sistema turístico nacional. Su particularidad es que, a diferencia de otras modalidades alojativas, su implantación es mayoritariamente costera, periurbana o rural, lo que le otorga una dimensión territorial diferenciada y, en muchos casos, estratégica.
La primera cuestión que conviene plantearse es qué entendemos hoy por camping. La imagen tradicional asociada a tiendas de campaña y servicios básicos ya no describe adecuadamente la realidad del sector. Hace apenas unas décadas, la tienda era el formato dominante; en la actualidad su peso es residual en numerosos establecimientos (menos de un 5% según la Federación Española de Campings).
Entrevista Sergio Chocarro FEEC
El crecimiento se ha concentrado en bungalows, mobil homes, cabañas y modalidades de glamping que combinan singularidad arquitectónica con confort. Las parcelas para autocaravanas y campers también han ganado protagonismo de forma notable.
Este proceso refleja una transformación profunda del perfil de la demanda. El cliente contemporáneo no busca únicamente un alojamiento económico, sino una experiencia vinculada al “entorno natural” o al aire libre, con estándares de confort próximos al alojamiento hotelero pero sin la densidad ni la artificialidad del entorno urbano. El camping ha dejado de competir exclusivamente por precio para hacerlo por experiencia, flexibilidad y contacto con el territorio.
Desde el punto de vista geográfico, la distribución del camping en España dibuja un mapa coherente con la lógica del turismo de naturaleza y litoral. El arco mediterráneo concentra históricamente el mayor número de plazas, con especial protagonismo de Cataluña, la Comunidad Valenciana y Andalucía. En estas regiones el camping forma parte del ADN turístico desde hace décadas y ha sido capaz de atraer una clientela internacional consolidada, especialmente procedente del centro y norte de Europa.
El norte peninsular y las zonas de montaña configuran otro eje relevante. En territorios como Aragón, Asturias, Cantabria o el País Vasco, el camping funciona como base logística del turismo activo: senderismo, surf, cicloturismo, montaña o turismo familiar vinculado a espacios naturales. En estos casos no es un alojamiento complementario, sino una pieza esencial del modelo turístico territorial.
Más interesante aún es la situación en el interior rural. Aunque el volumen total de plazas es menor que en la costa, el impacto relativo o peso específico en municipios de pequeña dimensión es muy significativo. En localidades de escasos cientos de habitantes, un camping puede multiplicar la población durante la temporada alta, generando actividad económica, empleo y demanda de servicios locales, pero concentrado en un solo punto.
Uno de los elementos más relevantes en la evolución reciente del sector es la progresiva profesionalización de su gestión ambiental. Existe todavía un prejuicio cultural que asocia el camping con una menor calidad o con impactos negativos sobre el entorno. Sin embargo, la lógica económica del sector opera en sentido contrario. El camping depende directamente del atractivo paisajístico y ambiental del territorio donde se ubica. La degradación del entorno supone la pérdida de su principal activo competitivo. Esto ha incentivado prácticas de sostenibilidad operativa, gestión de residuos, eficiencia energética y preservación paisajística que, en términos comparativos por plaza, pueden resultar menos intensivas que otros modelos alojativos.
La demanda actual confirma esta tendencia. El usuario que elige camping busca naturaleza; experiencia activa; confort sin masificación; flexibilidad de estancia y coherencia ambiental. El auge de la autocaravana controlada y del turismo itinerante europeo refuerza esta lógica. España es destino preferente para este segmento, pero la oferta estructurada aún presenta márgenes de desarrollo.
Camping y turismo rural, incluyendo el agroturismo supone un retorno de inversión alto, si lo acompaña una normativa coherente
En este contexto emerge una pregunta estratégica de especial interés: ¿por qué no valorizar de forma decidida el camping en zonas rurales como herramienta de diversificación turística para el desarrollo territorial? La experiencia internacional demuestra que esta fórmula puede articularse de manera eficaz.
En Francia, el modelo denominado “camping à la ferme” integra pequeñas parcelas dentro de explotaciones agrícolas activas, combinando pernocta con venta directa de productos locales. Se trata de iniciativas de baja inversión relativa, con un número limitado de parcelas y fuerte conexión con la economía primaria. En Italia, el “agricampeggio” se integra en el sistema de agriturismo y añade, en muchos casos, servicios complementarios como restauración rural o pequeñas instalaciones recreativas, elevando el posicionamiento experiencial. En el Reino Unido, sistemas como las Certified Locations y Certificated Sites, impulsados por organizaciones como el The Camping and Caravanning Club, permiten pequeñas áreas de acampada en terrenos privados, muchas veces granjas, con un máximo de unidades y regulación clara. En los Estados Unidos, plataformas como Hipcamp han digitalizado el acceso a estancias en ranchos y fincas privadas, ampliando la oferta con flexibilidad y bajo coste de entrada.
Todos estos modelos comparten varios rasgos: inversión moderada, escala reducida, integración con la actividad agropecuaria, generación de renta complementaria y distribución territorial amplia. No sustituyen al hotel ni al camping tradicional de gran tamaño; lo complementan y amplían la base económica del medio rural.
España dispone de miles de explotaciones agrícolas que afrontan retos de rentabilidad, relevo generacional y diversificación de ingresos. Incorporar un modelo estructurado de camping en granja o microparcelas rurales podría generar ingresos adicionales, incentivar la venta directa de productos, atraer turismo internacional itinerante y reducir la presión sobre destinos urbanos saturados. Desde una perspectiva de planificación territorial, supone distribuir flujos turísticos hacia áreas con capacidad de acogida y necesidad económica.
Las ventajas de este modelo son evidentes. Requiere menor inversión en edificación permanente, permite escalabilidad progresiva, integra economía primaria y terciaria y tiene una huella física limitada. Además, responde a tendencias consolidadas de mercado: búsqueda de autenticidad, consumo local, turismo activo y movilidad autónoma.
Las barreras no son tanto de mercado como regulatorias y culturales. La fragmentación normativa autonómica, la ausencia de una red nacional coordinada y la persistencia de una percepción asociada a bajo valor añadido han limitado su expansión estructurada. Sin embargo, el contexto actual —marcado por la necesidad de reequilibrio territorial y por la saturación en determinados destinos— ofrece una ventana de oportunidad.
El camping no es un vestigio de un turismo de menor categoría. Es un subsector consolidado, económicamente relevante y territorialmente distribuido. Ha evolucionado hacia mayores estándares de confort y sostenibilidad y puede desempeñar un papel clave en la diversificación del modelo turístico español. Integrarlo en la planificación estratégica, especialmente en políticas de desarrollo
Arturo CROSBY
Editor




