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China: donde las piedras se convierten en destinos turísticos

Ningxia y Gansu, la otra China que el turismo europeo aún no conoce

Acabo de regresar de un viaje exploratorio por las provincias chinas de Ningxia y Gansu, dos destinos prácticamente desconocidos para el turismo europeo. No son los lugares más icónicos de China. Precisamente eso fue lo que más me atrajo. Y lo que encontré allí me obliga a escribir este artículo: una lección magistral sobre cómo convertir recursos que poco se valoran —las piedras, la arena, el desierto— en productos turísticos de primera categoría.

Llevo décadas analizando y comunicando destinos turísticos en España, Europa y América Latina. Y he visto muchos territorios que no saben qué hacer con lo que tienen. En Ningxia y Gansu ocurre exactamente lo contrario: saben bien qué tienen y, sobre todo, saben ponerlo en valor.

Una piedra que nadie comprende puede parecer inútil. Cuando alguien cuenta su historia, se convierte en patrimonio. Y cuando ese patrimonio se gestiona con inteligencia, se convierte en destino.

En este viaje pude ver cómo es el modelo de desarrollo turístico chino en estos territorios, que se suponían de escaso interés turístico y que tanto en Gansu como en Ningxia, los han desarrollado dotándoles de infraestructuras y equipamientos públicos, con alta tecnología, donde todo está pensado para facilitar la movilidad turística, teniendo en cuenta además grandes flujos de visitantes. Todas las atracciones turísticas tienen lugares de comida y bebida rápidas, baños públicos, centros de acogida, etc. y algo que me sorprendió en todo el recorrido es la limpieza, ya que desde los caminos, calles, mercados callejeros, tiendas, etc. presentaban una pulcritud increíble, lo opuesto a la imagen que se suele tener de dicho país en Europa.

La tesis: la interpretación-comunicación crea valor

«Hay piedras y piedras.» Algunas formaciones espectaculares, como las de Danxia, tienen un atractivo turístico evidente desde el primer vistazo. Pero otras, a primera vista, pueden parecer terrenos pedregosos, improductivos, sin valor estético aparente. Sin embargo, cuando alguien explica su origen geológico, su relación con el paisaje o con la historia humana, algo cambia radicalmente: dejan de ser piedras y pasan a ser recurso turístico.

En turismo es más importante la percepción que la realidad y, por tanto, la estética es clave.

La interpretación crea valor. Y el turismo puede transformar ese valor en empleo, servicios y actividad económica sostenida. Son además museos al aire libre de acceso universal —museos que llevan cientos de millones de años construyéndose— y que, bien gestionados, pueden convertirse en destinos sostenibles y competitivos. Esto es exactamente lo que pude ver en Ningxia y, sobre todo, en Gansu.

Gansu: cuando las piedras pintan cuadros

Mi primera parada fue el Geoparque de Zhangye, reconocido por la UNESCO como Global Geopark, al pie de las montañas Qilian. Me quedé sin palabras. Las formaciones rocosas de Danxia crean aquí cuadros de valor incalculable: capas de sedimentos de colores intensos —rojos, naranjas, amarillos, violetas— apiladas durante millones de años y moldeadas por la erosión hasta convertirse en algo que parece imposible en la naturaleza. Por algo le llaman las Rainbow Mountains.

Pero lo que me resultó aún más fascinante fue entender el origen de lo que estaba viendo. Conocer las causas —la deposición de sedimentos, el levantamiento tectónico, la erosión diferencial— multiplica la experiencia. No es solo belleza: es la historia de la Tierra y del destino escrita en piedra. Y eso, bien contado a un visitante, produce una emoción que ninguna pantalla puede sustituir.

Dunhuang: yardangs, dunas y la Ruta de la Seda

Dunhuang no es simplemente una ciudad en medio del entorno del desierto de Gobi. Es el centro de un Geoparque UNESCO de aproximadamente 2.000 km² que combina tres elementos geológicos excepcionales con un patrimonio cultural de primera magnitud.

Los yardangs son, probablemente, las ‘piedras que hablan’ más espectaculares que he visto. Al noroeste de Dunhuang se despliega un enorme paisaje de materiales sedimentarios modelados durante miles de años por el viento, las inundaciones ocasionales y los derrumbes. El resultado son formas que parecen castillos, torres, barcos varados, animales o ciudades abandonadas. No es casual que popularmente se conozca el área como Ghost City: su atractivo depende de nuestra imaginación en cada momento. Y eso, desde el punto de vista del marketing turístico, es un activo extraordinario.

Muy cerca, el paisaje cambia por completo. Aparecen las Mingsha, las ‘montañas de arena que cantan’ —así las llaman, porque el viento produce un sonido peculiar al deslizarse sobre las dunas—, con materiales de diferentes tonalidades y composiciones. La UNESCO las considera, junto con los yardangs, uno de los dos grandes elementos geológicos del geoparque.

Y al pie de Mingsha aparece algo inesperado: el Crescent Moon Spring, un pequeño lago en forma de media luna rodeado completamente de dunas. Es probablemente una de las imágenes más poderosas para explicar los contrastes de esta región: agua, vegetación y vida en medio de un océano de arena. Su alimentación proviene de aguas subterráneas vinculadas al río Danghe, aunque hoy cuenta también con ayuda humana —aproximadamente un 35%— para mantener estable su nivel.

Hay lugares de China, como Gansu, donde las piedras hablan con los turistas. Vayan y escúchenlas.

Mogao: cuando el ser humano empieza a hablar con la roca

Geológicamente, las Grutas de Mogao no son comparables a los yardangs. Pero para entender la cadena de valor que genera el paisaje geológico, son imprescindibles. Excavadas en la roca y transformadas durante siglos, albergan 735 cuevas, unos 45.000 m² de pinturas murales y más de 2.400 esculturas pintadas. Fueron el gran archivo de arte, religión e intercambio cultural de la Ruta de la Seda.

Ningxia: donde las piedras se pueden leer

Las piedras de Ningxia no solo hablan de geología. También cuentan la historia de quienes habitaron este territorio hace miles de años.

En las montañas Helan, cerca de Yinchuan, encontramos uno de los mejores ejemplos. En sus paredes rocosas, los antiguos habitantes dejaron grabados rupestres o petroglifos con figuras humanas, animales, escenas de caza y símbolos cuyo significado todavía intentamos interpretar. Es el arte rupestre de Helan Mountain: la piedra convertida en uno de los primeros soportes utilizados por el ser humano para contar su relación con el territorio.

Aquí la interpretación turística vuelve a cambiar completamente nuestra mirada. Sin explicación podemos ver simplemente figuras grabadas sobre una roca. Cuando conocemos su antigüedad, quiénes pudieron realizarlas y qué representan, la piedra comienza literalmente a hablar.

Y pocos kilómetros más allá aparece otro extraordinario ejemplo: las Tumbas Imperiales Xixia, declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2025. Nueve mausoleos imperiales y cientos de tumbas secundarias se extienden al pie de las montañas Helan, testimonio de una civilización que floreció entre los siglos XI y XIII y estuvo vinculada a los intercambios culturales de la Ruta de la Seda.

La cultura Xixia desarrolló además su propia escritura, la tangut, de una enorme complejidad. En la visita, la demostración de impresión con tipos móviles permite comprender cómo una escritura prácticamente desaparecida vuelve a cobrar vida ante el visitante.

Ningxia: el desierto convertido en destino

En Shapotou, junto a Zhongwei, estás en el borde suroriental del desierto de Tengger. Su singularidad no son únicamente las grandes dunas, sino el encuentro de cuatro elementos que raramente conviven: arena, montañas y en medio, nada menos que el río Amarillo (con 5.464 km de longitud, atraviesa la provincia creando diferentes paisajes). Un contraste visual y emocional que impacta incluso a un viajero con décadas de experiencia.

Pero lo que me parece realmente notable no es el paisaje en sí, sino cómo han construido el producto turístico alrededor de él. No se trata simplemente contemplar dunas, sino de usarlas turísticamente como si fuese una estación de esquí, pero de arena y con trineos (sandboarding). Hay transporte y accesibilidad bien resueltos, miradores estratégicamente colocados, actividades para todos los perfiles —interpretación ambiental, y experiencias nocturnas para quienes quieren vivir el desierto de noche.

El Desert Star Hotel es un ejemplo revelador: está diseñado específicamente para dormir y observar las estrellas en pleno paisaje desértico. Según datos oficiales de 2025, el alojamiento en tiendas en el área alcanzó cerca del 90% de ocupación el año anterior. Un dato que habla por sí solo.

Y hay algo todavía más importante, que trasciende lo puramente turístico: Shapotou pasó de luchar contra el desierto a vivir también de él. Durante décadas, la expansión de las dunas amenazaba campos de cultivo, poblaciones y el ferrocarril Baotou-Lanzhou. El sistema de cuadrículas de paja desarrollado para estabilizar las arenas se convirtió, con el tiempo, en parte de la propia interpretación turística del territorio. La solución al problema se transformó en atractivo. Eso es innovación con resultado turístico.

La tecnología se usa en el turismo, que hasta una actividad tan aparentemente tradicional como cruzar el desierto en camello está gestionada tecnológicamente: ante esperas que llegaban a una hora en momentos de máxima afluencia, en 2025 se implantó un sistema digital que permite reservar anticipadamente los paseos mediante una miniapp o terminales de autoservicio. Creo que el modelo turístico chino es un mix entre tecnologías y tradiciones o historia.

Ningxia, es también tierra de vinos

A los pies orientales de las montañas Helan se encuentra una de las principales regiones vitivinícolas de China. Su clima seco, la fuerte insolación, la amplitud térmica y unos suelos arenosos y pedregosos, con buen drenaje, ofrecen condiciones especialmente favorables para el viñedo.

Tuve la ocasiónde conocer y catar estos vinos en Tulanduo Wine Town, cuya  calidad ya tiene reconocimiento internacional: en 2025 un vino de Ningxia obtuvo el Best in Show de los Decanter World Wine Awards, y otros consiguieron premios Platinum y Gold.

El desierto no está muerto: es una escuela de adaptación y  biodiversidad

Uno de los momentos más reveladores del viaje fue entender que el desierto está muy lejos de estar vacío, como suele creerse. Dunhuang recibe apenas 45 mm de lluvia al año y, sin embargo, en su entorno se han identificado más de 200 especies vegetales. En el Gobi sobrevive incluso el camello salvaje, mientras arbustos como el saxaul desafían condiciones que parecen incompatibles con la vida.

En Shapotou, la estabilización de las dunas ha permitido recuperar vegetación, insectos y aves, mientras diminutas comunidades de líquenes, musgos y microorganismos forman costras biológicas que ayudan a sujetar el suelo. El desierto no está vacío: simplemente hay que aprender a mirarlo. Y enseñar a mirarlo es, precisamente, la tarea del buen intérprete turístico.

China ha demostrado que la geomorfologia puede ser el corazón de un destino competitivo y sostenible. No porque las piedras sean más bonitas que las de otros sitios, sino porque alguien decidió ponerlas en valor y los geoparques ayudan mucho.

Y claro, si sumamos una muy apreciada gastronomía, de diferentes sabores a base de vegetales muy bien cocinados, carnes, pescado y, por supuesto, no pueden faltar los noodles, que en Ningxia tienen el mejor restaurante del país, pues convierte estas provincias en un gran geodestino.

El turismo geológico no es un nicho. Es el futuro de muchos territorios que aún no saben lo que tienen, pero conocerlo en Gansu y Ningxia es una experiencia reveladora.

Les comparto un álbum de fotos de Ningxia, para tener una idea visual del destino, así como otro álbum de Gansu

Arturo CROSBY

Editor

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