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Un claro ejemplo de «turismo degenerativo» en Andalucía.

El pésimo comportamiento de turistas y la mala gestión

NR: Ya hemos hablado de lo que es y lo que implica el turismo «degenerativo» que no es algo realmente nuevo, porque lleva años y decadas ocurriendo en mucho lugares tanto naturales, rurales como urbanos, pero en este caso les vamos a compartir un articulo titulado «Los ríos de Andalucía agonizan por el turismo: “No ves nada, está todo muerto”, publicado en El Pais que resume una situación alarmante en una zona de España, pero que es extensible a muchas otras y en muchos paises, ya que deriva del comportamiento humano/turistico. 

No se trata solo de limitar el número de visitantes y determinar la posible capacidad de carga (límites aceptables de cambio), sino el comportamiento peligroso de los visitantes, mediante una gestión más exhaustiva, dinámica y con posibles servicios de información y asistencia, que podría financiarse con un tasa 

Los ríos de Andalucía agonizan por el turismo: “No ves nada, está todo muerto”

La masificación turística pone en riesgo la fauna y la flora de multitud de parajes fluviales, con cauces destrozados y acumulación de basuras, mientras la Junta solo regula algunos cauces y ya planea abrir el Chíllar, prohibido el acceso desde hace tres años

Varios turistas y veraneantes practican senderismo por el cauce del río Chíllar, en la localidad malagueña de Nerja, en agosto de 2022.García-Santos (El Pais)

Agua refrescante, clara y limpia. Gargantas estrechas, cascadas y pozas entre densa vegetación. El río Chíllar, en Nerja (Málaga, 22.187 habitantes), ofrece casi todo lo que el visitante veraniego pueda desear, incluido fácil aparcamiento y escasa dificultad técnica. Por eso llegaron a pisotearlo hasta 3.000 personas al día. Una feria. Por eso el Ayuntamiento de Nerja prohibió el paso en agosto de 2023 y, aunque aún no está permitido visitarlo, la Junta de Andalucía ya planea su apertura con limitaciones. Dos empresas optan a su gestión ante las numerosas críticas por el gran impacto que volverá a tener la presencia humana para la biodiversidad. “La actividad turística destruye su vida”, resume Rafael Yus, portavoz de Ecologistas en Acción, quien señala que este es el mismo riesgo que corren otros muchos ríos en toda la comunidad debido a la presión del turismo.

Hoy el entorno del Chíllar permanece en calma. Ya no hay multitudes, pero sí algunas personas que siguen realizando la ruta sin control por la falta de conciencia y la escasa vigilancia, que deben repartirse entre la Policía Local de Nerja y los pocos agentes del parque natural ―18 efectivos para una superficie de 40.600 hectáreas protegidas―. Más allá del problema ecológico, la administración decidió cerrar el paso por las advertencias de la Fiscalía de Medio Ambiente y el Plan de Lucha contra los Incendios Forestales, que alertaban del riesgo para las personas en caso de fuego. Entre otros aspectos, porque la única escapatoria es el río y sería imposible saber si alguien quedase atrapado entre las llamas. La idea de la administración desde entonces es reducir los aforos al río mediante gestión privada. Ya hay dos empresas que optan a ello, Travelnatura y Sando, que prevén un máximo de 500 visitantes al día, aunque la idea inicial de la Junta fue de casi la mitad, 300. La primera oferta propone entradas a diez euros y la segunda, a 4,90. Las dos prometen mantenimiento constante del cauce y protocolos de emergencias. En la última gran limpieza, en 2017, se extrajeron 450 kilos de residuos y miles de pares de zapatillas que colgaban del cableado de la zona.

El proceso para saber cuál conseguirá el contrato se espera largo, de entre uno y dos años. Tiempo que quienes conocen el entorno esperan sirva para que se reconsidere el proyecto para un río declarado Reserva Natural Fluvial. “El pisoteo del lecho y los márgenes, porque no hay otro sitio por el que caminar, lo mata todo. Y no pasaría nada si se mantiene cerrado más tiempo: desde 2023 nadie ha protestado”, indica Yus, quien subraya que desde Ecologistas en Acción han presentado alegaciones para la reapertura, con argumentos basados en el santuario de biodiversidad existente. “Es uno de los pocos arroyos de la zona que tienen agua durante todo el año y su ecosistema es muy interesante. Debería tener máxima protección”, confirma Andrés Vicente Pérez Latorre, profesor titular del Área de Botánica y Fisiología Vegetal de la Universidad de Málaga, quien cree que dejar pasar a 500 personas al día “es destructivo”. “Deberían pasar, quizás, cinco visitantes diarios con funciones naturalistas, nunca turísticas”, recomienda.

Baltasar Cabezudo es también botánico y ha trabajado por toda Andalucía. Conoce bien el territorio y asegura que el entorno del Chíllar es “muy singular”. Cree que las opciones planteadas para su gestión son “un camelo” que no tienen más interés que la explotación turística. “Hay unas 50 especies muy frágiles al pisoteo, la contaminación y el orín de la gente, porque hay que recordar que allí no hay baños”, advierte. “Antes había garzas en el curso alto, muchos peces, cangrejos, libélulas… Ahora metes una cámara acuática y no ves larvas, no ves nada, está todo muerto”, cuenta una fuente bien conocedora del tema pero que prefiere no dar su nombre ante posibles represalias. “Mataron al río Chíllar y no pararán: ocurrirá lo mismo con otros muchos que ahora se han puesto de moda”, añade.

Del río Verde al Cebollón

No son, efectivamente, pocos. Es fácil encontrar en Instagram cientos de publicaciones sobre pozas, charcas y ríos encajonados en postales paradisíacas a lo largo de la geografía andaluza. Y tras esas imágenes van miles de personas, como ocurre en río Verde, cerca de Otívar (Granada), en el extremo este del parque natural Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama. El enorme número de visitantes en los últimos años ha obligado a la administración andaluza a limitar el paso a 100 vehículos al día. La regulación la ejerce la Sociedad Cooperativa de Cázulas, propietaria de los terrenos que atraviesa la pista que llega al cauce. Cobra cinco euros por persona y cinco por coche. En verano se llena casi a diario entre semana; sábados y domingos el límite se alcanza antes de las 11 de la mañana. El recorrido se realiza generalmente por la ribera, pero más allá de las pozas de agua turquesa, muchos visitantes también caminan por el interior del cauce —como los grupos de barranquismo guiados por empresas de turismo activo— afectando al ecosistema. También son habituales las lesiones. Los datos de la Guardia Civil de Granada relativos a este verano, recogen el rescate de hasta 12 personas que no podían continuar el camino por golpes, heridas o traumatismos.

En la misma provincia, el río Dúrcal es otro que sufre, como denunció igualmente Ecologistas en Acción. “No hay espacio natural que resista estas masificaciones por un tiempo tan prolongado”, recalcaba la organización entonces en un duro comunicado que también apuntaba la pérdida de especies y hábitats en los ríos Castril o Lanjarón, en Sierra Nevada. Más al sur, cerca de Fornes, en el río Cebollón está ya prohibido el recorrido a pie dentro del cauce, aunque sí se puede recorrer su ribera y está permitido el baño en la cascada del dique, según recuerda la propia administración andaluza. También hay restricciones en otros como Río de la Miel, Majaceite o Bocaleones (todos en Cádiz). En este último, en pleno parque natural Sierra de Grazalema, los ecologistas también lamentan la presencia de más de 50 personas al día —cupo impuesto por la administración— y música, gritos o perros que convierten al espacio “en un parque temático”. A pesar de todas estas denuncias, no hay un plan específico desde la Junta de Andalucía para la gestión de estos ríos.

De vuelta a Málaga, la situación es similar en ríos como Patalamara (Cómpeta), Cástor y Padrón (Estepona), Higuerón (Frigiliana) o la poza de la Cueva del Gato (Benaoján), charco al que las familias llevan colchonetas de plástico y dejan mucha basura. También el Genal, donde se construyen presas sin permiso para generar pozas que afectan a la fauna. Más grave es la situación del Guadalmina (Benahavís), a un paso de Marbella y saturado todo el verano. Más hacia el interior, ya en el Parque Nacional Sierra de las Nieves, el río Turón ofrece también un sendero con varias pozas, a las que la Junta de Andalucía ha prohibido acercarse en coche, así que ahora solo se puede caminar hasta ellas. “Es un filtro que ha mejorado mucho la situación”, indica Helios Muñoz, biólogo y técnico de la mancomunidad de municipios de la comarca.

“No queda otra opción que regular”

Aun así, los problemas no cesan. “Hay familias con niños que cogen peces en cubitos, hay perros sueltos, hay gente que deja la basura en cualquier parte. Cuando voy me estoy peleando con los visitantes todo el rato y, por eso, ya he decidido no volver hasta que pase el verano”, dice Mariló Narváez, alcaldesa de El Burgo (1.761 habitanes). También critica a quienes deciden andar por el propio cauce, por el daño que causa al ecosistema. “Al final no pedimos más que sensibilización. Puedes venir a darte un baño, pasar el día, pero siempre respetando el entorno”, sentencia antes de advertir que cada vez son más las personas que optan por seguir río arriba más allá de los diques, algo que nadie hacía antes. La práctica pone en riesgo al alto Turón, declarado Reserva Natural Fluvial debido a la escasa intervención humana, lo que permite la presencia de peces endémicos como el cacho malagueño, además de cangrejos y nutrias. Eso sí, un proyecto del parque nacional ha impulsado la instalación de dos cámaras para conocer aforos, lo que puede ayudar a mejorar la gestión.

Somos muchos y Andalucía viene muchísimo turismo. Todos queremos disfrutar de la naturaleza, que puede absorber alteraciones pero también tiene sus límites. No queda otra opción que regular, es fundamental”, afirma Antonio Herrera, gerente de la consultora ambiental Mediodes y miembro de la Junta Directiva de la Fundación Nueva Cultura del Agua. “Los efectos sobre los ecosistemas fluviales de tantas personas son muchísimos. Desde la basura hasta las cremas solares y otros muchos contaminantes. No hay más que regular y también sensibilizar, educar, explicar bien por qué se toman esas medidas”, anima Herrera a las administraciones. Y propone iniciativas como los permisos previos —gratuitos— que exige la Junta de Andalucía a quienes quieren realizar rutas como el pinsapar de Grazalema o el sendero del Río Bailón, ya en el parque natural Sierras Subbéticas, que sirve precisamente para controlar el número de visitantes.

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