Cómo deben reaccionar los destinos ante el impacto del cambio climático
Pérdida de competitividad y sostenibilidad son consecuencias probables si no se actúa a tiempo

«Fallecidos 60 turistas por olas de calor en tres destinos de playa del Mediterráneo, esta temporada»… Esto podría ser un titular que puede ocurrir si los destinos no son capaces de actuar a tiempo. Y no le sorprenda, porque las olas de calor son una creciente amenaza para la salud, con 500.000 muertes anuales, según la OMS.
Hay algo evidente: cuanto más tiempo se tarde en reaccionar, más inversiones se necesitarán y, por supuesto, habrá que sumar la pérdida de reputación, con un coste muy elevado.
Y esto habría que tomarlo en serio, porque el cambio climático, nadie sabe cuándo puede cambiar, ya que la existencia de episodios puntuales no altera la tendencia global. Y es que, aunque exista una influencia antrópica (discutible el porcentaje), lo cierto es que muy poco se puede hacer y, por tanto, es mucho más rentable (económica, ambiental y socialmente) pensar en 2 estrategias clave: la adaptación y la mitigación y, cuanto antes, mucho mejor, porque la inversión necesaria no tendrá un ROI inmediato; un árbol tarda años en dar sombra y más aún en crear un entorno climático favorable.
Si hablamos de destinos con temperaturas de entre 35 y 45ºC, como en la actualidad en nuestro entorno (Europa), en turismo tenemos que tener en cuenta la percepción por la demanda que es el indicador clave, y es entonces cuando tenemos que añadir unos 10ºC por la sensación térmica provocada por la humedad ambiental.
Pero además se produce un mayor riesgo de incendios en los hinterlands de los destinos, pérdida de biodiversidad, daños severos en la vida silvestre, incremento de la sequía y un aumento del consumo de recursos energéticos y de agua. Y, claro, una imagen poco atractiva para muchos turistas.
La solución no es protestar contra el cambio climático, que de nada sirve, ni esperar a que gobiernos e instituciones reaccionen, sino actuar a nivel de destino, con una estrategia clara de gobernanza y también de coopetencia (coopetition), porque si hubiese un posible cambio del cambio, podría tardar más de 50 años en notarse.
Si alguien está acostumbrado a vivir en un territorio con una temperatura media veraniega de, digamos, 25 ºC y ahora está a 35 ºC o más, ¿creen que tendrá mucho interés en viajar a destinos con temperaturas de 35 a 40 ºC, a pesar de tener playa, que aunque su temperatura también ha subido muy notoriamente, al menos tiene la opción de remojarse?
La mitigación consistiría, entre otras cosas, en que el destino tuviese lo que algunos denominan «refugios climáticos», es decir, bien que el destino fuese un refugio completo, que sería lo ideal, o bien que al menos tuviese un porcentaje importante de estos refugios o nichos que permitan a visitantes y locales disfrutar del alivio térmico.
El role y el “core” de la naturaleza como estrategia de adaptación y mitigación
Por supuesto, diseñar los entornos urbanos de muchos destinos en una línea basada en la naturaleza no requiere grandes inversiones, sino más bien voluntad política y gestionar normativas que precisamente no facilitan estos desarrollos, pero no queda otra alternativa.
Está demostrada y cuantificada la diferencia térmica entre un espacio con sombra y otro con insolación, que puede llegar hasta 15 ºC, y entre la sombra de un bloque de cemento o edificio y la de un arbolado, y no digamos si además le añadimos la componente de agua no estancada.
Y si hablamos de agua, los destinos de sol y playa del Mediterráneo o el Caribe, por ejemplo, además del impacto climático, están sufriendo el calentamiento del agua, que está provocando alteraciones biológicas como la proliferación de la bacteria Vibrio, conocida popularmente como «la bacteria carnívora», que ha obligado ya al cierre de varias playas en España y ha hecho saltar las alarmas sanitarias en todo el Mediterráneo por sus efectos en la salud humana.
O también el aumento anual del sargazo en destinos del Caribe, relacionado con la subida de las temperaturas, que tiene graves consecuencias en el turismo del litoral.
Si no se tiene en cuenta la componente ambiental del turismo, la Naturaleza, el peligro para los destinos será la pérdida de competitividad y rentabilidad, y hará insostenible su futuro.
Arturo CROSBY
Editor




