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El 40% del negocio turístico proviene de usar fauna salvaje

Cualquier actividad que implique interactuar con animales salvajes

NR: Es penoso leer estos datos económicos que demuestran la nula empatía y la ignorancia que tienen los turistas sobre el maltrato que padecen estos animales silvestres que pasan a cautividad por el mero hecho de entretener al público a consta de entrenamientos muy duros, violentos que ya en muchos circos se prohibieron. Les compartirnos este artículo publicado en Cambio16

En una época donde lo inusual y lo exótico eran sinónimos de espectáculo, P. T. Barnum, el gran empresario del entretenimiento, logró lo impensable: llevó ballenas belugas desde las frías aguas del Ártico hasta los cálidos focos de su circo en Nueva York. La novedad atrajo a cientos de personas que desfilaron ante los imponentes animales sin considerar la situación de maltrato de los cetáceos que pronto morirían sin generar revuelo alguno.

Pero esa realidad de finales del siglo XIX no ha cambiado en la actualidad, a pesar de las restricciones a las actividades circenses en cuanto al manejo de animales. Esos espectadores de antes, ávidos de actos deslumbrantes con animales, son muy parecidos a muchos de los que ahora practican el denominado turismo salvaje. Como otrora, pagan por ver o interactuar con tigres, leones, elefantes y monos, entre otros, pero en su hábitat. Es una suerte de circo a cielo abierto en el que pocos se detienen a pensar las condiciones en las que se encuentran esos fascinantes especímenes. O sin medir el impacto de su presencia en esos ecosistemas.

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Nando Machado / World Animal Protection

Ayer fueron belugas

La hazaña de atrapar vivas las belugas y exhibirlas al público fue todo un acontecimiento. Estas ballenas, conocidas por su piel blanca y su naturaleza sociable, fueron capturadas en una operación que desafió tanto la naturaleza como la tecnología de la época. Como con sus otras atracciones animales, Barnum parecía saborear los desafíos de capturar y transportar a las ballenas a Nueva York. Preparó arduamente el camino para convencer a periodistas sobre las dificultades y los gastos que significaba el esfuerzo. Todo para reforzar la rareza y el valor de los animales y atraer a un público ansioso por nuevas diversiones.

Construyó un tanque enorme en el sótano de su Museo Americano para “la recepción de los monstruos marinos”. Barnum había contratado en Canadá a pescadores locales para ayudar en la captura de al menos dos ballenas beluga. Estos construyeron una gran trampa en forma de V con estacas de madera, y esperaron varios días a que los cetáceos entraran durante la marea alta. Después fueron colocadas en una cajas forradas con algas marinas y parcialmente llena de agua salada, y transportadas en tren hasta su destino final.

El esfuerzo publicitario anticipado de Barnum aseguró la atención de miles de neoyorquinos. Cuando las ballenas llegaron al tanque enfriado por hielo, había largas colas de impacientes personas esperando verlas. Pero estas dos belugas no estarían en el museo por mucho tiempo. “No sabía cómo alimentar o cuidar a los monstruos y, además, estaban en agua dulce, y esto, con el mal aire en el sótano, puede haber acelerado su muerte», aceptó el empresario. Sin embargo, antes de morir ya miles de personas las habían visto y pagado por hacerlo. Pero no fueron las únicas, porque sin darle importancia a lo sucedido Barnum “resolvió intentarlo de nuevo”. Continuó exhibiendo ballenas, un par tras otro, en alegre y morbosa sucesión de muertes y espectáculos.

El «espectáculo» continúa, y las ganancias también

La organización internacional de bienestar animal World Animal Protection asegura que por lo menos 550.000 animales salvajes están en cautiverio alrededor del mundo y son sometidos a tratos crueles para llenar de fotos las redes sociales de turistas que sueñan con miles de «me gusta». Y detrás de esa enorme cantidad de animales florece una actividad de grandes beneficios económicos.

Son tantos los dividendos que se calcula que de los 1.500 millones de dólares que genera la industria turística global cada año, entre el 20% y el 40% proviene del negocio de turismo de fauna salvaje, de acuerdo con cifras de la Organización Mundial del Turismo. Entre sus ofertas están principalmente nadar con delfines, montar elefantes, acariciar cachorros de tigre, o cualquier actividad que implique interactuar con animales salvajes en su hábitat o fuera de este solo con fines de entretenimiento.

Además, un estudio de la Universidad de Surrey en el Reino Unido, citado por World Animal Protection, afirma que cerca de 110 millones de personas al año visitan atracciones que ofrecen entretenimiento con animales salvajes. Las cifras generan preocupación entre especialistas pues aproximadamente 75% de esas atracciones tiene un impacto negativo en su bienestar, según un estudio de 2017 de la revista Tourism Research. Lo más triste es que 80% de los turistas no son conscientes del daño que todo esto genera en los animales.

Los nuevos Barnums

En el más reciente informe de WAP y de la Universidad de Surrey, en el Reino Unido, se asegura que algunas empresas internacionales de viajes promueven actividades que explotan a los animales. La investigación evaluó las políticas públicas de bienestar animal de algunas de las empresas turísticas más importantes del mundo. El estudio indagó también sobre sus esfuerzos por incluir opciones respetuosas con la vida salvaje. Y lo más importante, si las atracciones que ofrecen causan «daños irreparables y de por vida». Entre estas paseos en elefante, espectáculos con delfines y acariciar cachorros.

Cameron Harsh, director de programas de World Animal Protection, destacó el papel de estas empresas y su influencia sobre las actividades de los turístas. «Cualquier cosa que ofrezcan (como una opción para que la gente reserve o información sobre un lugar) será percibida de cierta manera por sus clientes como esto es aceptable», aseguró.

Cerca de 6 millones de personas visitan atracciones turísticas con fauna salvaje cada año. Una encuesta de 2019 que la organización protectora de animales hizo a 12 000 personas en 12 países mostró que casi el 80% de los viajeros pagarían más por actividades que garantizaran que los animales no sufrieran.

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Empresas se dedican a promocionar actividades con animales sin verificar el estado en el que se encuentran / World Animal Protection

Diez en la mira

El nuevo informe busca orientar sobre «qué empresas protegen a los animales salvajes y cuáles les fallan, con la esperanza de ponerles ese punto de presión», señala Nicole Barrantes, responsable de la campaña de vida salvaje. Se examinaron Airbnb, Booking.com, Expedia, GetYourGuide, Groupon, Klook, The Travel Corporation, Trip.com, TripAdvisor’s Viator y TUI Musement.

La publicación está centrada en cuatro especies: delfines, elefantes, primates y grandes felinos, debido a sus complicadas necesidades, su capacidad para experimentar emociones y su prevalencia en las atracciones turísticas. Las empresas que salieron con mejores puntuaciones por velar por el bienestar animal fueron Travel Corporation, con 75%, y Airbnb, con 67%.

Klook, con sede en Hong Kong, y Groupon, con sede en Estados Unidos, recibieron 4%, la puntuación más baja, por carecer de este tipo de políticas.

Travel Corporation hace referencia a cinco ámbitos del bienestar animal. Principalmente una buena alimentación y estimulación mental. Airbnb trabajó con la WAP en 2019 para redactar una política de la compañía que prohíbe las experiencias de explotación de la vida silvestre, como los paseos en elefante, interacciones que incluyen alimentar o acariciar, selfies con animales salvajes, y usar mamíferos marinos en cautiverio en el entretenimiento.

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A muchos animales los maltratan en aras del espectáculo / World Animal Protection

WAP denunció recientemente a Groupon por asociarse habitualmente «con algunos de los lugares más crueles para la vida silvestre en cautividad de Estados Unidos». Entre estos zoológicos de carretera y santuarios de animales con infracciones en materia de bienestar. Ofrece entradas con descuento para Suncoast Primate Sanctuary, que ha infringido la Ley de Bienestar Animal en varias ocasiones. También promociona descuentos para visitar SeaQuest, que tiene interacciones con rayas y perezosos.

Artistas obligados

Especialistas explican que estos animales son sometidos a un proceso de amansamiento muy perjudicial para ellos. Explican que los capturan muy pequeños y en muchos casos deben sacrificar a las mamás para lograrlo. Además, les dan alimentos que no son acordes con su especie y los golpean, lo que ocasiona daños en su comportamiento y salud. Luego los confinan en una jaula o los amarran.

Sujetarlos, darles de comer y nadar son actividades que ocasionan graves daños a la salud y comportamiento de los animales. Tener que ir de mano en mano para que los turistas se tomen la foto genera estrés psicológico, miedo y ansiedad. Además, los privan del descanso necesario para su crecimiento y salud. En el caso de los reptiles, muchas veces los turistas aprietan fuertemente su garganta, dificultando su respiración.

Acariciar cachorros de león y tigre fomenta la cría acelerada de estos especímenes. Los retiran prematuramente del cuidado de sus madres para permitir una reproducción más rápida. Cuando crecen demasiado para ser acariciados, a menudo se les mata o se les mantiene en recintos estrechos y estériles. En los paseos en elefante, lo más probable es que fueron adiestrados desde bebés con métodos dolorosos para hacerlos dóciles ante los humanos. Como adultos en cautividad, pasan horas encadenados y de pie sobre superficies duras de hormigón, lo que les provoca lesiones en las patas.

Expertos consideran que siempre que un viajero se dedique al turismo de naturaleza, tiene que abordarlo con escepticismo. Sugieren buscar lugares para ver animales a distancia en un entorno natural y que sean auténticos santuarios de animales salvajes, avalados por instituciones científicas reconocidas. Los consumidores también comparten la responsabilidad de asegurarse de que sus viajes sean respetuosos con la vida salvaje.

 

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