Hace ya un mes mi país Chile, vivió uno de los terremotos más fuertes de la historia de la humanidad, que se tenga memoria. Hace 25 años que no vivíamos un terremoto en la zona centro sur del país, el que fue catalogado como el quinto más fuerte en la historia, donde el primer lugar también lo ocupa, lamentablemente nuestro país, y que fue en la costa sur de Valdivia entre otras ciudades.
Este terremoto dejó asustados no solo a los chilenos, sino también a los extranjeros que tenían entre sus planes visitar nuestro país en el próximo tiempo. En las siguientes dos semanas, se cancelaron entre el 50% y 90% de las reservas de las distintas zonas turísticas, los tour operadores están tomando duras decisiones, como despedir empleados, ya que nadie sabe como viene el futuro en la industria de los viajes y el turismo a nuestro país. Es desolador el escenario, es triste que un fenómeno de la naturaleza tire por la borda años de esfuerzo, años de poner en valor el patrimonio cultural y natural, años de aportar a un desarrollo sostenible del turismo… la sensación de frustración es latente entre los sectorialistas, planificadores, profesionales y en general todos aquellos que han dedicado su vida a desarrollar la actividad en nuestro país.
La idea de este artículo es llegar, por lo menos a entrever, como Chile y cualquier país o región que sufra una catástrofe puede volver a recibir turismo después de ocurrida, que además de todas las pérdidas lógicas, el turismo no sea una pérdida más o por lo menos se tome el menor tiempo posible en su recuperación, generando nuevamente confianza entre los posibles viajeros.
Si se trata de citar la cantidad de catástrofes, desastres, epidemias y hasta actos terroristas que han tenido que afrontar ciudades, países y regiones completas, que tienen en el turismo una forma de ingreso, el número sería infinito. Es seguro, que los que más se encuentran en nuestra memoria colectiva son los años 2001 y 2004 con la caída de las torres gemelas en Nueva York y el tsunami en el sudeste asiático respectivamente. El 09/11 fue un duro golpe a los viajes a nivel mundial, el hecho de ser dos aviones los que generaron tamaña tragedia hizo disminuir la cantidad de viajes a nivel mundial y por supuesto, la llegada de visitantes a Nueva York quién tardó años en recuperarse. Lo acontecido en el sudeste asiático fue distinto, el tsunami afectó a varios países y mató a casi 300 mil personas, ocurrió en una región que prácticamente vivía del turismo y en una fecha crítica de vacaciones, cuando el mundo completo se encontraba celebrando la navidad.
Cada uno de estos ejemplos hace pensar en la actitud de los turistas frente a impactos tan importantes como los desastres naturales o los atentados terroristas. Este tipo de acontecimientos, son los que más afectan la actividad turística alrededor del mundo, junto con crisis económicas y epidemias como la gripe AH1N1 que afectó a prácticamente todo el mundo el año 2009 y cuyo principal perjudicado fue México, donde las pérdidas en turismo hasta el día de hoy son irrecuperables.
Según lo que he podido identificar para este artículo, los atentados terroristas provocan mayores cambios de actitud en la población, que si la catástrofe se deriva de un desastre natural. Lo anterior, debido a que se considera que el desastre natural es un hecho puntual y aislado y que puede ser minimizado en base a factores como la tecnología. No obstante, un atentado terrorista proviene de una acción premeditada y de una acción humana, provocando hostilidad en la población.
En términos reales, las catástrofes producen pérdidas innumerables en ingresos económicos para los países que las sufren, es así que el turismo en Chile post terremoto podría generar pérdidas importantísimas, que se sumarán al desastre mismo ocurrido en seis de nuestras 15 regiones. La temporada estival (meses de verano) del año 2010 -antes del terremoto-, Chile recibió 725 mil turistas extranjeros que dejaron un total de US$ 475 millones en ingresos. Esta cifra corresponde a un 5% de lo que costará, desde el sector público (costo para el Estado), la reconstrucción de Chile, por lo que perder ese ingreso significará un empobrecimiento real de nuestra nación.
A través de los años y las catástrofes, es posible determinar que el turismo parece ser un arma poderosa para enfrentar situaciones de emergencia, logra reactivar zonas devastadas y amortigua los efectos económicos luego de los desastres. Luego del tsunami del sudeste asiático gran parte de la oferta siguió intacta, sin embargo, las noticias que llegaron al mundo hizo que muchos turistas cancelaran sus visitas, lo que agravo aún más la situación económica y los despidos. Un informe de la OMT respecto de los efectos del tsunami, indicó que un ejemplo de solidaridad lo dio España, ya que la secretaría de Turismo y la FITUR pidieron a los turistas que continuaran sus viajes a esa zona, ya que el riesgo más grave sería la falta de turistas.
Gran parte de la baja en las llegadas a Chile, solo se produce por cierta ignorancia de la situación real y de la imagen que queda después del terremoto, potenciada por medios amarillistas, periodistas sin criterio y personajes que no conocen una realidad y solo quieren ser protagonistas de una historia no cierta.
Una de las primeras acciones para reactivar el turismo después de una catástrofe, parte por reparar la infraestructura dañada que pueda afectar la libre circulación de los visitantes. En el caso de Chile la infraestructura de apoyo al turismo, así como la planta turística en general, no sufrió daños que no se hayan ya reparado y que consideraron autopistas y aeropuerto internacional, como ítems prioritarios.
El segundo paso es restablecer las confianzas, para lo cual las acciones deben ir directamente a aumentar la promoción. Es por esto, que el principal representante del sector, el Servicio Nacional de Turismo asistió a la reciente ITB de Berlín exponiendo que solo tres regiones de nuestro país tienen serios daños, donde será necesaria una reconstrucción, no obstante, los íconos turísticos como San Pedro de Atacama y el Desierto de Atacama en general, Isla de Pascua y la Patagonia, incluida la Carretera Austral y Torres del Paine, se encuentran sin el menor daño, su llegada es expedita y se encuentran preparados para recibir a todos aquellos que quieran disfrutar de sus bondades. A su vez, muchos representantes de municipios turísticos, sobre todo de la zona central, han realizado viajes a países limítrofes para invitar a los turistas, sobre todo Argentinos (nuestro principal mercado) a venir a nuestro país para semana santa, uno de los feriados más importantes del año y que deja grandes ganancias entre los empresarios hoteleros y turísticos en general.
Una tercera acción, muy ligada a las anteriores pero que requiere de un plan formal y de un presupuesto holgado, es la Imagen País, generar campañas para recobrar lo perdido después de una catástrofe, dejar en claro que la nación sigue en pie, demostrar que aún se puede hacer turismo, aún cuando se haya sido víctima de una catástrofe. En el caso de Chile, la Fundación Imagen País se encuentra promoviendo una campaña donde da las “Gracias” a Latinoamérica, el Caribe y el mundo, que tiene como objetivo estrechar lazos de compromiso y solidaridad y demostrar que el país ya supera los principales efectos del terremoto y vuelve a funcionar con normalidad.
No se trata de minimizar una tragedia, la verdad es que el quinto terremoto más fuerte en la historia de la humanidad, nos dejó marcados a todos los chilenos para siempre y sobre todo a los que viven en las regiones más afectadas, el terremoto no mató tanta gente como el tsunami que se derivó del mismo, y la razón fue la incomunicación y la incapacidad de tomar decisiones por parte de ciertas autoridades, lo que debe ser un ejemplo para no volver a cometer los mismos errores. El enoturismo, será una de las actividades más afectadas por el terremoto, las bodegas y viñas salieron bastante dañadas con el movimiento, sin embargo, se trabaja en generar planes de recuperación global para volver a poner de pie a dos industrias que en nuestro país trabajan de la mano el vino y el turismo. Las zonas más afectadas, contaban con importantísimo patrimonio cultural, el que no podrá ser recuperado en su totalidad, representado por bienes muebles e inmuebles que tienen pocas posibilidades de sobrevivir, más de 200 años de historia que se vinieron abajo, y se trata de recuperar al menos una parte. Lo anterior, no solo tiene como objetivo que los turistas disfruten del patrimonio histórico de Chile, sino que también implica la recuperación de la identidad, de la memoria histórica de cada una de las localidades que vieron como sus casas, iglesias y edificios de más de 200 años se venían abajo y perdían más que algo material, perdían su pasado.
De este último párrafo surge una pregunta, ¿las comunidades locales verán en el turismo una forma de recuperar parte de lo perdido, la excusa para no pensar en la tragedia o la forma de salir adelante y recibir beneficios económicos que impliquen volver a levantarse?, es una pregunta que yo como consultora en desarrollo turístico respondo con un gran SI, creo que es una excelente oportunidad para que la planificación se realice desde cero orientada hacia el turismo, con conciencia del patrimonio y de los nuevos tiempos, de levantar las fachadas de los antiguos edificios agregándole aspectos como energías alternativas y parámetros ecológicos en general. Creo que esta es la cuarta acción obligatoria por parte de autoridades y privados, el turismo es la única forma que tendrán los habitantes de pueblos que perdieron su patrimonio, para recuperar su historia, ya que si fuera por volver a construir sus viviendas en base a la emergencia, la solución en esta parte del mundo y los países no desarrollados en general, viene de la mano de casas básicas que no aportan al entorno, que afean las ciudades… sin embargo, si pensamos que el turismo es una de las posibilidades de beneficios económicos para esa comunidad, los parámetros de construcción al mediano plazo implicarán un diseño que vaya acorde con el rescate, reutilización y reciclaje del patrimonio existente, bajo la atenta mirada de las comunidades locales quienes deberían ser la principal voz en la reconstrucción.
En el sudeste asiático, fue necesario que organizaciones internacionales velaran por los intereses de las comunidades que durante años habitaron los lugares afectados por el tsunami, ya que luego que estas quedaran desplazadas, hubo muchas empresas multinacionales que quisieron comprar terrenos para levantar resorts y grandes centros vacacionales. En lo anterior se demuestra que la orientación de reconstrucción, debe estar ligada con la protección a la población local y el respeto por la actividad que genere beneficios económicos, sociales y ambientales como una forma de levantar el destino.
Para finalizar, es posible decir que la confianza de la que se ha hablado, necesaria para que los viajeros vuelvan a poner a Chile dentro de sus destinos, se basará en nuestro comportamiento anterior, durante muchos años Chile fue, es y seguirá siendo uno de los países más seguros de la región y del mundo. Nuestra situación política, económica y social es de las mejores de Latinoamérica, dejando claro que si bien aún no somos un país desarrollado, tenemos buenas bases para estar seguros y retomar nuevamente la senda del crecimiento, retrocedimos unos pasos, pero quizás eso también sirva para darnos cuenta que nunca debemos perder la humildad y trabajar pensando que somos un país que siempre lo afectarán este tipo de catástrofes y si bien, comparados con un país como Haití, donde el terremoto fue mucho menos que el nuestro y ellos tuvieron cerca de 300 mil víctimas, nosotros solo tenemos que lamentar medio millar, y trabajar porque esa cifra sea mucho menor en 20 o 30 años más, cuando nuevamente nos afecte otro terremoto. |